miércoles, 5 de junio de 2013

5 de junio Día Mundial del Medio Ambiente: recuento de los daños

El día de hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente,  celebración establecida por la Organización de las Naciones Unidas 41 años atrás, durante la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para el Medio Humano en 1972, en Estocolmo, Suecia. Después de las cuatro décadas el medio ambiente, dirían los académicos, diplomáticos, políticos, etc., poco tiene que festejar. Los objetivos establecidos en Estocolmo, incluyendo la creación del Programa de las Naciones Unidas para Medio Ambiente (PNUMA), en pro de la consevación y el uso racional de los recursos naturales no se han alcanzado, y el desarrollo institucional global y local, diverso y robusto, de poco ha servido para garantizar un medio ambiente sano que sea la base del desarrollo humano que tanto anhelamos.

En 1992 en Río se concretó un andamiaje jurídico e institucional que ha representado la base de la gobernanza global del medio ambiente; el año pasado llegamos a Río + 20 tratando de evaluar los alcances de dicho esfuerzo del multilateralismo global y, sin duda, la evaluación no fue positiva. La existencia de convenciones, protocolos, acuerdos, organizaiones gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil, empresas "ambientalmente responsables", certificación ambiental, etc., no ha significado que nuestro medio ambiente goce de buena salud.

El calentamiento global (considerando de que existe un grupo importante de científicos y políticos que niegan su existencia) ha desnudado a las sociedades, ricas y pobres, hasta mostrar la vulnerabilidad socio-ecológica. Son muchos los acontecimientos climátológicos que se han registrado en los últimos casi 5 lustros, desde que el IPCC publicó su primer informe sobre el cambio climático en 1990, que han impactado tanto a la sociedad en muchos sentidos, incluyendo el económico, que no tenemos que esperar a que se alcancen los 2 grados celsius de incremento de temperatura en la media mundial para considerar que lo que la Tierra está viviendo en cuanto a su degradación es irreversible.

Los bosques continúan degradándose y desapareciendo, América Latina y África presentan las tasas más altas de deforestación. La expotación desmedia de los ecosistemas forestales en el cambio de uso de suelo se ha convertido en la situación sine qua non del modelo de desarrollo en estos continentes, a los usos agrícolas y ganaderos le debemos agregar la histórica minería que ha regresado como pilar de un desarrollo altamente dañino en las otrora colonias. De esta manera, el resultado es una degradación y contaminación de los ecosistemas forestales y de otro tipo que ha sobrepasado la capacidad de resiliencia de muchas regiones. El resultado: suelos degradados, mandos acuíferos contaminados, pérdida de biodiversidad, pobreza, etc.

La energía, cuya demanda global crecerá un tercio según el World Energy Outlook  publicado en el 2012, es generada por recursos naturales como el petróleo, el gas y el carbón, cuya combustión es responsable de altas emisiones de gases de efecto de invernadero (GEI) y, por consecuencia del calentamiento global. La eficiencia energética y la transcición energética encuentran como obstáculo el crecimiento económico, particularmente de los países miembros del denominado grupo de los BRICS y otros países en desarrollo, al parecer demandando su derecho histórico al desarrollo. La contaminación y emisión de GEI permanente sobrepasan, por mucho, la eficiencia energética y la transición al uso de las energías alternativas en algunos países, incluyendo en el análisis que muchos países pobres no generan, proporcionalmente hablando, GEI en tal cantidad que sea considerada peligrosa para la humanidad; sin embargo como el problema es común, los impactos por el calentamiento global los alcanzan.

El tráfico de especies de flora y fauna en peligro de extinción continúa, la degradación de los suelos ha convertido en desiertos grandes extensiones de tierra antes fértiles, los desechos tóxicos y nucleres no son tratados de forma correcta, la contaminación del agua y el estrés hídrico afectan a millones de personas, etc. Los problemas ambientales son muchos y complejos, las soluciones pareciera que inexistentes, los compromisos son eludidos. En términos generales, no hay mucho que celebrar por el medio ambiente, hay mucho que trabajar. Conocemos el diagnóstico, iniciemos las acciones en pro de la Tierra.

jueves, 21 de marzo de 2013

21 DE MARZO DÍA INTERNACIONAL DE LOS BOSQUES.

Son muchos y muy variados, amplios y pequeños, densos y ralos. No nos percatamos de su existencia porque siempre están ahí, sin embargo, tienden a fragmentarse e incluso desaparecer. Según la FAO en la actualidad se pierden 14.2 millones de ha anuales y que la regeneración natural y las plantaciones, particularmente en el continente asiático no compensan dicha pérdida. Los bosques tropicales son los que presentan las tasas más altas de deforestación

En la deforestación y degradación de los recursos de los bosques no se pierden sólo árboles, disminuyen y, en algunos casos (que desgraciadamente no son pocos), se extinguen gran cantidad de especies de flora y fauna que, seguramente, ni hemos conocido. Además, dejamos de recibir prestaciones de carácter ecológico, social, económico y cultural que los bosques sanos nos proporcionarían en su plenitud.

Las transformaciones en el uso del suelo y la tala clandestina representan sólo un par de causas directas de las pérdidas mencionadas, en las actividades cotidianas en el hogar, la escuela, el trabajo, los restaurantes, etc., podemos encontrar conductas que inciden de forma directa e indirecta en la condición de los bosques. ¿Por qué no nos preguntamos diariamente si nuestras actividades dañan los bosques?, simple y llanamente porque no hemos concebido en su justa dimensión la importancia de éstos en nuestro futuro, al que siempre le queremos asignar el adjetivo de sustentable.

Cambiar nuestros hábitos y actividades cotidianas de forma espontanea y a 180 grados se presenta difícil, pero resulta necesario iniciar desde este momento. El cambio paulatino tiene que ser acelerado, no nos podemos dar el lujo, como lo hace la industria automotriz en sus transición hacia la generación de autos eléctricos, de tomarnos cuatro décadas. Los llamados, podríamos decir los gritos de desesperación de la tierra, ahí están: alteración de los ciclos climáticos, calentamiento global, pérdida de bio-diversidad, contaminación por lixiviados, etc., y lo que es peor, estamos atentando contra nuestra propia vida y hablando de desarrollo sustentable, contra la vida de nuestros hijos y nietos.

Pensemos en los bosques como algo indispensable para nuestro proceso civilizatorio, ubiquémonos como parte de un sistema y no como agentes apartados, ajenos a ellos. Los bosques somos nosotros, de ellos recibimos agua, alimentación, refugio, inspiración y, en términos generales, vida.