jueves, 3 de mayo de 2012

Rumbo a la Conferencia de las Naciones sobre Desarrollo Sustentable (Río + 20)


A pocos días de celebrarse la Conferencia de Río + 20 la sociedad internacional debe preguntarse cuáles han sido los logros mundiales en materia de desarrollo sustentable y, sin darse el lujo de omitir en esta interrogante, cuál es el riesgo que se corre en la consecución del desarrollo sustentable en el contexto de una crisis económica global, profundizada por la desigualdad e inequidad sociales generadas por el modelo de desarrollo económico global.

Desde 1972, año en que llevó a cabo la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Humano en Estocolmo, Suecia, el régimen internacional ambienta ha evolucionado y se ha fortalecido, dejando la impresión de un activismo global en pro de la conservación y uso racional de los recursos naturales. Sin embargo, las múltiples y variadas manifestaciones de la crisis ambiental dan cuenta de un problema que está muy lejos de ser solucionado. Los problemas ambientales como: cambio climático, pérdida de biodiversidad, desertificación, contaminación y estrés hídrico, deforestación, tráfico de especies de flora y fauna en peligro de extinción, étc., forman parte de la cotidianidad de la vida en este planeta.

En 1992, durante a Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo en Río de Janeiro, Brasil, se lograron acuerdos jurídicos e institucionales de gran importancia para el derecho internacional ambiental. Tales arreglos respondían a los principales problemas ambientales que cobraron mayor fuerza a finales de siglo XX. A la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la Convención sobre Diversidad Biológica, la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación y la Declaración de Principios sobre el Cuidado de los Bosques acordados en Río en 1992 debemos agregarle el Programa 21, el plan de acción para la aplicación de dichos acuerdos.

Han pasado dos décadas, incluyendo muchas reuniones de las partes (COPs), de la firma de  las convenciones citadas y el problema que dicen pretenden solucionar cada vez de profundiza, alcanzando niveles muy altos de complejidad. A la problemática ambiental se le debe agregar la, aún no resuelta, situación de desigualdad y pobreza extrema que mantiene a más de mil millones de personas en situación de pobreza extrema, condición que ubica a este sector de la población mundial en un nivel muy alto de vulnerabilidad ante los impactos de las alteraciones ambientales, principalmente los relacionados con el cambio climático: sequías, tormentas, inundaciones, etc.

La cooperación internacional para el desarrollo sustentable ha sido limitada y enfocada a la gobernabilidad global y a la creación de fondos de financiación. Su limitación estriba en la poca o nula ejecución en el nivel local y, por su parte, la financiación para el desarrollo sufre uno de sus peores momentos debido a la crisis económica internacional desde el 2008.

El movimiento de los indignados es tan sólo la punta del iceberg de la crisis social y económica mundial. Ellos se manifiestan y, por lo menos, son objeto de atención de la opinión pública mundial. Pero, qué hay de aquellos que viven en los países menos adelantados, que pertenecen al denominado club de la miseria. Los más pobres de los pobres no son escuchados.

Diariamente mueren miles de personas en regiones donde el debate ambiental no debería estar vinculado a la transición energética o, genéricamente hablando, a la construcción de una economía verde. No hay duda que lo debería. Sin embargo, sus problemas ambientales están más relacionados con las necesidades básicas: alimentación y agua. Se han convertido en migrantes ambientales, que abandonan sus tierras y pueblos para saturar las urbes, éstas les reciben y los integran a la economía informal y los ubican en una zona que pomposamente teóricos y políticos llaman periferia, pero que sin duda son asentamientos de miseria.

El diálogo político internacional se ha quedado corto en sus alcances a nivel local. La conferencia de Rio + es una oportunidad de localizar y territorializar los esfuerzos globales de la cooperación internacional para el desarrollo. Si no se atiende la miseria y el hambre no se está atendiendo al desarrollo y, mucho menos, al desarrollo sustentable.