viernes, 28 de marzo de 2008

El desarrollo, lo humano y las Relaciones Internacionales

Difícilmente los científicos sociales pueden hablar de conceptos concretos y acabados cuando tratan de entender el significado de la palabra desarrollo. La construcción de los referentes es producto de toda una estructura de razonamiento derivada de experiencias personales e intereses ideológicos, con gran dotación de elementos y realidades vinculadas al territorio. Se le añade otra cuestión problemática a esta empresa epistemológica cuando le agregamos el adjetivo humano, es decir, el desarrollo humano.[1]

Para muchas agrupaciones sociales lo humano, sin cuestionarlo, difiere de la interpretación que a ello haga otra comunidad, inciden en ésta: historia, presente y futuro de cada civilización. De dónde surgimos y cómo nos hemos adaptado al entorno nos ha definido en términos concretos en un sistema que involucra elementos de distinta naturaleza, subsistemas de carácter económico, político y social, es decir, una expresión cultural; qué hacemos en términos de la dignidad del individuo y cómo lo estamos logrando, nos da una connotación humana alejada de otra encasillada en la reproducción de los bienes materiales y el consumo; por último, hacia dónde vamos, como nos conducimos a nuestro futuro y que ejercicio prospectivo elaboramos en relación a nuestra diversos escenarios u opciones de vida, de vocación, define nuestro desarrollo.

La implementación de modelos de desarrollo a nivel mundial, partiendo como punto de referencia en la revolución industrial, ha configurado las relaciones humanas por más de dos siglos. Esta revolución ha tenido tanta incidencia en la constitución de los procesos productivos en todas las regiones del planeta, debido a la permanente y ascendente demanda de insumos materiales y humanos para la viabilidad del proceso de desarrollo mundial. Los cambios sólo se asemejan a las transformaciones que la revolución neolítica ha impreso en la historia del homo sapiens. En el Neolítico, aproximadamente 12 mil años antes del presente, la agricultura y la domesticación de los animales produjeron el establecimiento de grupos sociales organizados. Los cambios tuvieron como resultado el surgimiento de las grandes civilizaciones con estructuras sociales organizadas en lo político, lo económico y lo social.

La revolución industrial está caracterizada por distintos saltos cuantitativos y cualitativos del conocimiento y la organización social de los grupos humanos. La aceleración de la revolución científica y tecnológica, el crecimiento de la población, la intensificación del fenómeno migratorio, la creciente demanda de materias primas, mercados manufacturados, el aumento de las vías y medios de trasporte, entre otras expresiones del actuar humano, configuraron un modelo de desarrollo que ha sido rector de sociedad mundial hasta nuestros días; ha instaurado sistemas de explotación del entorno natural, del cual los humanos formamos parte, caracterizados por conductas, objeto de un análisis de las ciencias sociales humanas, por la complejidad y lo paradójico que las define.

Las Relaciones Internacionales, joven disciplina de las ciencias sociales, tiene como objeto de estudio las interacciones de los distintos actores, así como los factores y circunstancias territoriales que las labran y encausan de distinta forma y hacia distintos escenarios. Por ende, la agenda es amplia, multi e interdisciplinaria. Las Relaciones Internacionales se retroalimentan teórica y metodológicamente, de forma amplia y permanente, de las siguientes disciplinas: Sociología, Ciencia Política, Historia y Derecho. El resultado es una ciencia, realidad indiscutible de las ciencias sociales, en constante reto, transformación y actualización. Su agenda es numerosa y diversa. Problemas persistentes aunados emergencias sistémicas, esperan de las Relaciones Internacionales esfuerzos más definidos y científicos para la mayor comprensión y, por deducción, la presentación de propuestas que coadyuven a la consecución del desarrollo humano

El mayor entendimiento del modelo de desarrollo, debe partir primero de qué y cómo construimos nuestra idea del mismo. Si bien diversas escuelas teóricas, de enorme utilidad en los estudios internacionales, como la teoría de la dependencia, la teoría de la modernidad y el neoliberalismo económico, junto con construcciones conceptuales como el desarrollo sostenible, la sociedad en riesgo, la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento, han debatido en torno al modelo de desarrollo capitalista imperante desde la revolución industrial, los resultados han producido un conocimiento limitado de la complejidad que representa la empresa de entender y, en un segundo nivel, encausar el desarrollo.

[1] Se entiende por desarrollo humano “el proceso que amplía las opciones del individuo y del nivel de bienestar que logra, que mide el desarrollo en función de cuestiones muy variadas, desde las libertades políticas, económicas y sociales, hasta las posibilidades ofrecidas a cada uno de estar en buena salud, instruido, productivo, creativo y de vivir en la dignidad y el pleno gozo de los derechos del hombre”. PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano de 1997

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