martes, 2 de diciembre de 2014

Los bosques tropicales y el cambio climático: más allá de las emisiones de carbono



El cambio climático y la deforestación de los bosques tropicales son dos procesos de la crisis ecológica contemporánea inseparables. El calentamiento global y las alteraciones de los ciclos hidrometereológicos son exacerbados por el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) provenientes, principalmente, de la generación de energía, los sistemas de transporte y de la agricultura, la deforestación y los cambios en el uso del suelo. Particularmente, la deforestación y el cambio de uso de suelo, que según cifras de la FAO alcanza 5.2 millones de ha anuales, contribuyen con el 11 por ciento de las emisiones globales de CO2. Aunque las tasas de deforestación han disminuido a nivel mundial, siguen siendo alarmantes en el caso de las regiones tropicales, la producción de biocombustibles y granos para el ganado son las principales causas de la pérdida de los bosques. Además de su contribución al cambio climático, la disminución de suelo forestal repercute en la profundización de la pobreza a nivel mundial, los múltiples bienes y servicios de estos ecosistemas disminuyen y, como consecuencia, el estrés hídrico y la inseguridad alimentaria aumentan. Alrededor de 1.6 mil millones de personas sustentan su vida de los insumos provenientes de los bosques.
Las negociaciones climáticas internacionales, desarrollándose esta semana en su vigésima edición en Lima, han incorporado en sus preocupaciones las emisiones de GEI provenientes del sector forestal a través de su propuesta de colaboración internacional denominada reducción de emisiones por deforestación y degradación e incremento de los sumideros de carbono (REDD+). La implementación de REDD+ ha despertado interés en la comunidad internacional por la promesa de que los principales beneficiarios de fondos globales para su financiación serán las comunidades dueñas de los bosques. La implementación del programa consiste en tres etapas: alistamiento, desarrollo de medidas y acciones, y la compensación de reducción de emisiones comprobables.
Si bien el propuesta ha estado en marcha desde el 2009, existe un estancamiento en en las primeras dos etapas, por lo tanto, los recursos internacionales hasta ahora destinados están siendo absorbidos por los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales en su calidad de gestores y facilitadores de los programas a nivel nacional. Asimismo, las pequeñas comunidades y grupos indígenas enfrentan problemas en cuanto al desarrollo de capacidades e instrumentos técnicos verificación de emisiones y absorción de carbono por los árboles, requisito necesario para comprobar el cumplimiento de compromisos y, así, recibir los ansiados recursos financieros.
REDD+ corre el riesgo de fracasar como lo han hecho otros mecanismos de cooperación internacional en el sector forestal. El problema de este instrumento se encuentra en su génesis y en su planteamiento principal: la compensación económica a los dueños de los bosques por reducción de emisiones. Veamos:
El impulso de REDD+ durante la COP15 en Copenhague, se debió, por un lado, al pronosticado fracaso del Protocolo de Kioto en la reducción de emisiones y, por el otro, a la necesidad de mover los esfuerzos globales de la lucha contra el cambio climático hacia otros sectores fuera del energético y los transportes, que garantizaran las metas de mitigación.
La intención de los países por salir de la crisis financiera del 2008 y la lenta transición energética hacia fuentes no convencionales, han orillado a impulsar el crecimiento económico y, por consecuencia, las emisiones de GEI han aumentado. La OMM reportó, durante el mes de abril del presente, concentraciones de CO2 superiores a las 400 partes por millón en el hemisferio norte.
El hecho de que la principal capturas de CO2 se efectúa en plantaciones forestales y no en bosques secundarios o naturales, le resta viabilidad al programa al pago por reducción de emisiones comprobables. Las comunidades, particularmente los grupos indígenas, poseen bosques con poca variabilidad en cuanto al incremento o disminución de emisiones.
REDD+ se ha constituido como un mecanismo de cooperación internacional con cuantiosos recursos financieros, hecho que despierta el interés de muchos actores interesados en obtener una rebanada del pastel e incrementar la simulación en los proyectos locales, alejándose de la realidad e intereses de los habitantes de los bosques.
En conclusión, el reto de las negociaciones en la COP20 en Lima consiste en superar la inercia de las reuniones anteriores. Las expectativas han sido muy altas y, por consecuencia, las frustraciones también. Antes de reducir las emisiones de GEI por decreto se debe atender la vulnerabilidad socio-ecológica de la población mundial. La pobreza y la desigualdad son causa y efecto del cambio climático. Las reuniones de las COP son una oportunidad para fortalecer la cooperación internacional, pero también para construir sistemas de gobernanza eficientes, eficaces y equitativos, que neutralicen la ambición de unos cuantos y se alejen de la política cortoplacista y el simulacro de las cumbres climáticas globales.

miércoles, 5 de junio de 2013

5 de junio Día Mundial del Medio Ambiente: recuento de los daños

El día de hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente,  celebración establecida por la Organización de las Naciones Unidas 41 años atrás, durante la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para el Medio Humano en 1972, en Estocolmo, Suecia. Después de las cuatro décadas el medio ambiente, dirían los académicos, diplomáticos, políticos, etc., poco tiene que festejar. Los objetivos establecidos en Estocolmo, incluyendo la creación del Programa de las Naciones Unidas para Medio Ambiente (PNUMA), en pro de la consevación y el uso racional de los recursos naturales no se han alcanzado, y el desarrollo institucional global y local, diverso y robusto, de poco ha servido para garantizar un medio ambiente sano que sea la base del desarrollo humano que tanto anhelamos.

En 1992 en Río se concretó un andamiaje jurídico e institucional que ha representado la base de la gobernanza global del medio ambiente; el año pasado llegamos a Río + 20 tratando de evaluar los alcances de dicho esfuerzo del multilateralismo global y, sin duda, la evaluación no fue positiva. La existencia de convenciones, protocolos, acuerdos, organizaiones gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil, empresas "ambientalmente responsables", certificación ambiental, etc., no ha significado que nuestro medio ambiente goce de buena salud.

El calentamiento global (considerando de que existe un grupo importante de científicos y políticos que niegan su existencia) ha desnudado a las sociedades, ricas y pobres, hasta mostrar la vulnerabilidad socio-ecológica. Son muchos los acontecimientos climátológicos que se han registrado en los últimos casi 5 lustros, desde que el IPCC publicó su primer informe sobre el cambio climático en 1990, que han impactado tanto a la sociedad en muchos sentidos, incluyendo el económico, que no tenemos que esperar a que se alcancen los 2 grados celsius de incremento de temperatura en la media mundial para considerar que lo que la Tierra está viviendo en cuanto a su degradación es irreversible.

Los bosques continúan degradándose y desapareciendo, América Latina y África presentan las tasas más altas de deforestación. La expotación desmedia de los ecosistemas forestales en el cambio de uso de suelo se ha convertido en la situación sine qua non del modelo de desarrollo en estos continentes, a los usos agrícolas y ganaderos le debemos agregar la histórica minería que ha regresado como pilar de un desarrollo altamente dañino en las otrora colonias. De esta manera, el resultado es una degradación y contaminación de los ecosistemas forestales y de otro tipo que ha sobrepasado la capacidad de resiliencia de muchas regiones. El resultado: suelos degradados, mandos acuíferos contaminados, pérdida de biodiversidad, pobreza, etc.

La energía, cuya demanda global crecerá un tercio según el World Energy Outlook  publicado en el 2012, es generada por recursos naturales como el petróleo, el gas y el carbón, cuya combustión es responsable de altas emisiones de gases de efecto de invernadero (GEI) y, por consecuencia del calentamiento global. La eficiencia energética y la transcición energética encuentran como obstáculo el crecimiento económico, particularmente de los países miembros del denominado grupo de los BRICS y otros países en desarrollo, al parecer demandando su derecho histórico al desarrollo. La contaminación y emisión de GEI permanente sobrepasan, por mucho, la eficiencia energética y la transición al uso de las energías alternativas en algunos países, incluyendo en el análisis que muchos países pobres no generan, proporcionalmente hablando, GEI en tal cantidad que sea considerada peligrosa para la humanidad; sin embargo como el problema es común, los impactos por el calentamiento global los alcanzan.

El tráfico de especies de flora y fauna en peligro de extinción continúa, la degradación de los suelos ha convertido en desiertos grandes extensiones de tierra antes fértiles, los desechos tóxicos y nucleres no son tratados de forma correcta, la contaminación del agua y el estrés hídrico afectan a millones de personas, etc. Los problemas ambientales son muchos y complejos, las soluciones pareciera que inexistentes, los compromisos son eludidos. En términos generales, no hay mucho que celebrar por el medio ambiente, hay mucho que trabajar. Conocemos el diagnóstico, iniciemos las acciones en pro de la Tierra.

jueves, 21 de marzo de 2013

21 DE MARZO DÍA INTERNACIONAL DE LOS BOSQUES.

Son muchos y muy variados, amplios y pequeños, densos y ralos. No nos percatamos de su existencia porque siempre están ahí, sin embargo, tienden a fragmentarse e incluso desaparecer. Según la FAO en la actualidad se pierden 14.2 millones de ha anuales y que la regeneración natural y las plantaciones, particularmente en el continente asiático no compensan dicha pérdida. Los bosques tropicales son los que presentan las tasas más altas de deforestación

En la deforestación y degradación de los recursos de los bosques no se pierden sólo árboles, disminuyen y, en algunos casos (que desgraciadamente no son pocos), se extinguen gran cantidad de especies de flora y fauna que, seguramente, ni hemos conocido. Además, dejamos de recibir prestaciones de carácter ecológico, social, económico y cultural que los bosques sanos nos proporcionarían en su plenitud.

Las transformaciones en el uso del suelo y la tala clandestina representan sólo un par de causas directas de las pérdidas mencionadas, en las actividades cotidianas en el hogar, la escuela, el trabajo, los restaurantes, etc., podemos encontrar conductas que inciden de forma directa e indirecta en la condición de los bosques. ¿Por qué no nos preguntamos diariamente si nuestras actividades dañan los bosques?, simple y llanamente porque no hemos concebido en su justa dimensión la importancia de éstos en nuestro futuro, al que siempre le queremos asignar el adjetivo de sustentable.

Cambiar nuestros hábitos y actividades cotidianas de forma espontanea y a 180 grados se presenta difícil, pero resulta necesario iniciar desde este momento. El cambio paulatino tiene que ser acelerado, no nos podemos dar el lujo, como lo hace la industria automotriz en sus transición hacia la generación de autos eléctricos, de tomarnos cuatro décadas. Los llamados, podríamos decir los gritos de desesperación de la tierra, ahí están: alteración de los ciclos climáticos, calentamiento global, pérdida de bio-diversidad, contaminación por lixiviados, etc., y lo que es peor, estamos atentando contra nuestra propia vida y hablando de desarrollo sustentable, contra la vida de nuestros hijos y nietos.

Pensemos en los bosques como algo indispensable para nuestro proceso civilizatorio, ubiquémonos como parte de un sistema y no como agentes apartados, ajenos a ellos. Los bosques somos nosotros, de ellos recibimos agua, alimentación, refugio, inspiración y, en términos generales, vida.


jueves, 3 de mayo de 2012

Rumbo a la Conferencia de las Naciones sobre Desarrollo Sustentable (Río + 20)


A pocos días de celebrarse la Conferencia de Río + 20 la sociedad internacional debe preguntarse cuáles han sido los logros mundiales en materia de desarrollo sustentable y, sin darse el lujo de omitir en esta interrogante, cuál es el riesgo que se corre en la consecución del desarrollo sustentable en el contexto de una crisis económica global, profundizada por la desigualdad e inequidad sociales generadas por el modelo de desarrollo económico global.

Desde 1972, año en que llevó a cabo la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Humano en Estocolmo, Suecia, el régimen internacional ambienta ha evolucionado y se ha fortalecido, dejando la impresión de un activismo global en pro de la conservación y uso racional de los recursos naturales. Sin embargo, las múltiples y variadas manifestaciones de la crisis ambiental dan cuenta de un problema que está muy lejos de ser solucionado. Los problemas ambientales como: cambio climático, pérdida de biodiversidad, desertificación, contaminación y estrés hídrico, deforestación, tráfico de especies de flora y fauna en peligro de extinción, étc., forman parte de la cotidianidad de la vida en este planeta.

En 1992, durante a Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo en Río de Janeiro, Brasil, se lograron acuerdos jurídicos e institucionales de gran importancia para el derecho internacional ambiental. Tales arreglos respondían a los principales problemas ambientales que cobraron mayor fuerza a finales de siglo XX. A la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la Convención sobre Diversidad Biológica, la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación y la Declaración de Principios sobre el Cuidado de los Bosques acordados en Río en 1992 debemos agregarle el Programa 21, el plan de acción para la aplicación de dichos acuerdos.

Han pasado dos décadas, incluyendo muchas reuniones de las partes (COPs), de la firma de  las convenciones citadas y el problema que dicen pretenden solucionar cada vez de profundiza, alcanzando niveles muy altos de complejidad. A la problemática ambiental se le debe agregar la, aún no resuelta, situación de desigualdad y pobreza extrema que mantiene a más de mil millones de personas en situación de pobreza extrema, condición que ubica a este sector de la población mundial en un nivel muy alto de vulnerabilidad ante los impactos de las alteraciones ambientales, principalmente los relacionados con el cambio climático: sequías, tormentas, inundaciones, etc.

La cooperación internacional para el desarrollo sustentable ha sido limitada y enfocada a la gobernabilidad global y a la creación de fondos de financiación. Su limitación estriba en la poca o nula ejecución en el nivel local y, por su parte, la financiación para el desarrollo sufre uno de sus peores momentos debido a la crisis económica internacional desde el 2008.

El movimiento de los indignados es tan sólo la punta del iceberg de la crisis social y económica mundial. Ellos se manifiestan y, por lo menos, son objeto de atención de la opinión pública mundial. Pero, qué hay de aquellos que viven en los países menos adelantados, que pertenecen al denominado club de la miseria. Los más pobres de los pobres no son escuchados.

Diariamente mueren miles de personas en regiones donde el debate ambiental no debería estar vinculado a la transición energética o, genéricamente hablando, a la construcción de una economía verde. No hay duda que lo debería. Sin embargo, sus problemas ambientales están más relacionados con las necesidades básicas: alimentación y agua. Se han convertido en migrantes ambientales, que abandonan sus tierras y pueblos para saturar las urbes, éstas les reciben y los integran a la economía informal y los ubican en una zona que pomposamente teóricos y políticos llaman periferia, pero que sin duda son asentamientos de miseria.

El diálogo político internacional se ha quedado corto en sus alcances a nivel local. La conferencia de Rio + es una oportunidad de localizar y territorializar los esfuerzos globales de la cooperación internacional para el desarrollo. Si no se atiende la miseria y el hambre no se está atendiendo al desarrollo y, mucho menos, al desarrollo sustentable.

sábado, 28 de abril de 2012

Situación mundial de los bosques de FAO

http://www.fao.org/docrep/013/i2000e/i2000e.pdf
Algo del debate sobre la incorporación de temas a la agenda de la disciplina de las Relaciones Internacionales


viernes, 27 de abril de 2012

Ante la actual crisis del desarrollo es importante reflexionar sobre la construcción de escenarios para México, aquí algunas aportaciones de un grupo de especialistas:

http://www.fesmex.org/Escenarios2020.pdf

Cabe destacar que el trabajo fue soportado por la Fundación Friedrich Eber en México.